Cena de hermandad 2003

“Este año le toco al canguro”
V cena de hermandad en Castrillo de D. Juan

    Un año más, y van cinco, se batió el récord de asistencia en la cena de hermandad de Castrillo de D. Juan.

    Ya habían pasado las cenas del burro, la vaquilla, el avestruz y el búfalo y todas con gran éxito de asistentes.

    Y es que en nuestro pueblo, en el austero Cerrato palentino, se aprovecha para tener ratos de convivencia en los que la bandera sea sentirse a gusto, vecinos y visitantes, para pasar un rato agradable junto a un plato de comida inusual y regado por el buen vino del lugar, y mucho humor.

    Este año, en su último fin de semana, tocó el turno al canguro. Los cocineros lo consiguieron en Madrid, vino saltando hasta "La panera de abajo" y allí, después de estar el pertinente tiempo, que la receta conseguida en Internet aconsejaba, en maceración, fue cocinado para su degustación.

    La verdad es que se notaba cierto movimiento en el pueblo a lo largo de todo el día, con idas y venidas acarreando puertas, bancos, sillas, escaleras para tapar las ventanas, estufas para calentar el local, platos, manteles, pan, vino... Las listas de comensales se iban llenando en los tres bares y el número desbordó las previsiones: 174 asistentes. Con cola para entrar a la hora indicada y llegada retrasada de los últimos, todo el mundo se fue sentando y comenzó el festín.

    Como se trataba del canguro, este año no corría la comida, sino que saltaban los entremeses, el vino, los pasteles, las uvas, los licores, el champán o los refrescos…, y, por supuesto, el canguro, de mesa en mesa y de sitio en sitio, dejando satisfechos a cuantos estábamos en ese comedor improvisado, que dos días después se convertirá en salón de baile para celebrar la fiesta del Niño.

    Y no se dejó se saltar terminado el ágape, sino que se siguió con el sorteo de regalos y la actuación de lo mejorcito del lugar que cantó, recitó poesías o contó chistes para hacer el deleite de todos los asistentes.

    En este ambiente relajado de convivencia pasaron las horas y en un pueblo, que cualquier día de invierno no tiene más habitantes que los que estábamos allí, se notaba el calor de los que están de continuo y de los que aprovechamos para visitar el pueblo y disfrutar de una fecha especial dentro de las fiestas de Navidad.

    Porque siempre es bueno que en torno a un vaso de nuestro buen vino o de un trozo de canguro, se estrechen los lazos de amistad y haga que todo sea más fácil, mañana, entre los vecinos.

    Con ratos como éste volveremos a disfrutar de nuestros pueblos y podremos recuperar el auténtico espíritu de la Navidad.

Pedro Diez Bartolomé.