Pregón de Fiestas del Verano. 06 de agosto de 2010
Ana Carmen Martínez Hernando
    PREGÓN DE FIESTAS DE CASTRILLO DE DON JUAN.
    6 DE AGOSTO DE 2010

    Buenas tardes a todos los castrilleros y visitantes que nos acompañan durante estos días.

    Antes de nada, quiero agradecer a mis quintos que me hayan encomendado la grata tarea de elaborar este pregón en nombre de todos.

    No es mi intención relatar los muchos méritos que concurren en un pueblo como el nuestro, de notables valores culturales, históricos, geográficos y humanos, ya reflejados en los libros, ensalzados en los pregones de años anteriores y a través de la magnífica página web, a la que acudimos cuando, quienes nos encontramos fuera, queremos saber de lo ocurrido en nuestro pueblo.

    Quiero echar una mirada atrás en el tiempo, y sacar a la luz los recuerdos, que creíamos olvidados, de nuestra infancia y juventud en el pueblo, y que entre unos y otros hemos ido recuperando.

    Uno de nuestros primeros recuerdos es la escuela, sí en Castrillo íbamos a La ESCUELA, y no al colegio como en la capital.

    La primera maestra que tuvimos y a la que recordamos con un cariño especial es Doña Sira. Qué paciencia la de aquella mujer al enfrentarse a un grupo de niños que venía de estar en la calle todo el día, porque en Castrillo se vivía en la calle. Pero ella lo hacía de tal manera que íbamos contentos, no nos importaba pasar allí las horas, lo hacíamos con agrado y esperando el cuento con el que cada día terminaba su clase.

    Qué decir de Doña Raquel, con su chal a cuadros marrón y su inseparable vara, que utilizaba cuando el alumno no se sabía la lección o hacía alguna travesura.

     D. Servilio... cuántos años de dedicación como maestro. Tanto le gustó el pueblo, que incluso se casó con una castrillera. Siempre le recordaremos en la puerta de casa con un libro en las manos.

    D. Blas sí que era un personaje peculiar, los chicos recuerdan las veces que les mandaba ir a buscar lombrices, y a veces, los llevaba a pescar con él. A las chicas, en cambio, nos mandaba donde "la Feli" a comprarle caramelos de color morado, no sé si os acoráis, se vendían a granel. Y si se los llevabas en la mano en vez de en un papel no los quería, claro, que así nos los repartíamos entre todos.

    Y Don Gerardo, el cura de nuestra infancia, los "capones" que nos daba dejándonos la cabeza dolorida durante un buen rato. Pero a pesar de todo en cuento tocaban "las primeras" para la novena o la misa, los chiquillos íbamos como balas a la iglesia y don Gerardo nos contaba historias y nos regalaba estampitas.

    Pasada esta etapa tan maravillosa de la infancia, entramos en la adolescencia y juventud donde unos se fueron a estudiar, otros a trabajar y otros permanecieron en el pueblo, pero siempre volvíamos de vacaciones o en cuanto llegaba el fin de semana.

    Dejamos los juegos para interesarnos en otra clase de fiestas, íbamos a Roa, a Baltanás, a Aranda... Recuerdo las horas que hacíamos a la puerta del bar "Carolina" para que nos llevaran, si es que había suerte, claro... Qué aventuras, lo importante era ir, así diluviara, sacando la cabeza por la ventanilla en días de niebla para ver la carretera, sujetando la ventanilla del coche si estaba rota y se caía... Qué preocupación la de nuestros padres con la carretera de por medio. ¡Vaya un recuerdo para ellos!, ¡los que están y los que nos faltan! y para los quintos que por un motivo u otro no han podido acompañarnos en estas fiestas.

    Bueno, no quiero aburriros con más "batallitas de viejos", como estarán pensando los jóvenes.

    Con todo esto quiero decir que nos sentimos orgullosos de ser castrilleros, que aunque el destino nos ha deparado caminos diferentes a cada uno, no olvidamos nuestras raíces y allá donde vamos defendemos y presumimos de nuestro pueblo, de sus gentes y de sus costumbres.

    Siempre reservaremos unas fechas para volver a este lugar donde olvidamos por unos días el trabajo y los agobios de la vida cotidiana. Donde bien es verdad que no hay cine, ni centros comerciales, ni discotecas, pero tenemos algo mucho mejor que todo esto: Las bodegas.

    Y hablando de bodegas y siendo un pueblo con tradición de vino, voy a terminar definiendo a los quintos del 60 como si de un vino se tratara:

    De un intenso color cereza madura, el borde vivo de un vino siempre en plenitud. Con aromas de toque tostados de madera y notas avellanadas de su evlución durante años de barrica. Sabores añejos pero limpios, de largo sabor y con raza.

    ¡Castrilleros! ¡Visitantes! y todos aquellos que nos acompañáis, sólo me queda animaros a que disfrutéis de estas fiestas de 2010 y que sean las mejores de vuestra vida.

    ¡¡¡Viva Castrillo!!!

    R: VIVA

    APLAUSOS, PLAS PLAS PLAS...

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© Los autores: Mari Paz Hortelano Gómez e Iñaki Carrascal Mozo ©
Castrillo de Don Juan. Palencia. (España)
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