De una palentina

    Soy palentina, cerrateña y de Castrillo de D. Juan, el pueblo donde me he criado y al que vuelvo cada fin de semana desde Madrid, la ciudad donde vivo. Escribo esta carta con un motivo muy sencillo, ver impreso y hecho público mi agradecimiento, que sin duda comparten muchos de mis paisanos, hacia nuestro cura de más de treinta años. Don Leonardo se ha ido de forma inesperada a pesar de lo necesario de su marcha; lo ha hecho sin despedidas ni homenajes, él lo ha querido así y nuestra alma castellana plena de sentimientos encontrados no ha sabido romper el silencio.

    Toda una vida ejerciendo el sacerdocio en un pueblo de trescientos habitantes en la Castilla profunda y en los tiempos que corren es realmente una dura tarea. Y sin embargo recuerdo su presencia en los momentos más bellos e intensos; este hombre, en el ejercicio de su ministerio nos casó, bautizó a nuestros hijos y enterró a nuestros muertos.

    Hace algún tiempo su nombre apareció en la prensa regional, creo que en este mismo periódico, en un marco sesgado en mi opinión y poco respetuoso con su persona, causándole un gran dolor. Ojala pueda también ver la luz este reconocimiento que se le debe en justicia
 

María Luisa Dorado Martínez. Madrid